La mentira siempre tapó a la verdad por diversas razones que la gente que es engañada no comprende, yo me incluyo, porque tampoco lo entiendo, en algunas ocasiones no porque me parece una tontería. Hay gente a la que le encanta esconder la verdad y verse reflejado en una mentira, ¡increíble!. Yo a veces vivo mentiras que no puedo soportar, y como casi siempre, acabo soltando la verdad porque, con el tiempo la verdad sale a flote, es el modus operandi por así decirlo.
Muchas veces tenemos miedo de decir la verdad, o nos asustamos de ella o simplemente no queremos creernos lo que en realidad ocurre y por consecuencia de ello, ¡mentimos!. La verdad es muy bonita, es como el amor (que estamos en la época, dulce primavera), es bonito, pero tenemos miedo de decirlo, del daño que pueda causarse a causa de dicho sentimiento y me vuelvo a incluír. Una persona tantea varias veces una verdad para ver por encima las consecuencias y reacciones que causa la verdad, como lo es el estar enamorado de dicha persona, si el sujeto en cuestión (el humano, que nos ponemos aquí filosóficos) ve que la cosa no tira... entonces mete una tapadera tras otra, oculta la verdad hasta que se canse, hasta que no pueda aguantar y explote esa dichosa mentira, ¡esa tierra que echamos encima del ataúd de la verdad para que no saliera a la luz jamás!. Qué complicado es todo... Nos liamos de una manera asombrosa y acabamos por fastidiar todo por nuestra odiosa indecisión, que no estoy generalizando, hablo por mí y por los que se sientan identificados con este texto y su contenido, no todos somos así.
Creo que es suficiente, quizás haga una segunda parte de esta abstracta reflexión, espero que os haya gustado, porque a mi sí.
Saludos,
Sersuas.
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